Cuando
empecé a pintar esta serie, me encontraba condenada por la contradicción
algo simpática, que yo sentía era obvia en las obras:
el elemento de tierra que se repetía y que subrayaba en cada
una de las piezas y la influencia innegable de la ciudad de Nueva York
que me rodeaba. Me parecía que con persistencia me interrogaba
si habría conseguido darle forma a ese enlace entre la naturaleza
y la naturaleza del hombre. En mis obras veía montañas,
ríos y cascadas pero también veía la arquitectura
de la ciudad, los rascacielos y las líneas que en mi mente construía
y reconstruía la ciudad a menudo. Veía como se juntaban
tan complácidamente. Como era que en mis obras estas dos caras
de mi alrededor y mi interior se sucumbían sin esfuerzo, pero
cuando conscientemente me ponía ha analizarlo no podía
llegar a un término medio.
Pero mirando mi retrato, me dí cuenta que a través de
lo lineal en mi subconsciencia había creado una conexión
entre lo innato y lo aprendido que en mi mente lo igualaba como las
montañas, es decir los cuerpos de la naturaleza y la jungla de
cemento que me encerraba.
Estoy convencida que no pude haber pintado esta serie en otra ciudad
y que preguntas sobre la naturaleza y la naturaleza del hombre mismo
son asuntos que realmente me perturban.
Sin MARCA, no me hubiera dado cuenta de este debate en mí.
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