Descrubrí
el poder de las imágenes no a través de los objetivos
de una
cámara fotográfica, sino del trabajo de algunos de los
directores de
fotografía de cine más importantes del mundo. Viendo lo
que esos grandes
creadores fueron capaces de captar con sus cámaras fue una revelación
para
mi cuando todavía era un muchacho. Al igual que el pequeño
Alexander Ekdahl,
en la película Fanny y Alexander, el descubrimiento de la luz,
sus secretos
y misterios, y el intuir las poderosas metáforas que se podían
construir con
ella, han creado en mí un efecto que me ha influido no sólo
en mi trabajo,
pero tambien en mi vida personal. Imagines que representan lo desconocido,
lo incierto, lo obvio y al mismo tiempo, lo ambiguo de la vida. Imagenes
que
no necesitan descripción en forma de palabra. Una poesia de formas
sujerida
por los más grandes ilusionistas del celuloide, aquellos que
cohabitan entre
la realidad y lo inexplicable.
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